miércoles, 1 de septiembre de 2010

UN ASUNTO PENDIENTE.


En Agosto del 2009, hará ahora  un año, enlazaba los tresmiles del Balneario de Panticosa (los tres picos del Infierno, Arnales, Aguja de Pondiellos, Garmo Negro, Algas y Argualas), corriendo. Hacerse ocho tres miles saliendo a las ocho de la mañana y estar de regreso a la hora de comer, era para mi, algo nuevo y atractivo y que se salía de los horarios "clásicos", que hasta hacía pocos años, eran los habituales en mis salidas por el monte.
Unos días más tarde,  le planteé la posiblidad de repetirlo a mi hermano Carlos, no ya corriendo, sino "andando deprisa". La forma más cómoda para ambos de poder compartir este bonito y exigente recorrido. Y así lo comenzamos. Disfrutábamos de un bello día de verano, pero unos pocos metros antes de alcanzar la cima de la Aguja de Pondiellos, una inesperada llamada avisándonos de una urgencia familiar al móvil, nos hacía dar media vuelta y bajar raudos hacia el balneario.

Como decía al principio, ha pasado un año y hemos vuelto a estas conocidas y entrañables cimas, con la intención de terminar lo que aquel día no pudimos, pero sobre todo, para rendir  un callado, silencioso y particular homenaje. A pesar de que la previsión metereológica era bastante mala, con lluvias y tormentas fuertas, iniciamos la jornada con mucho optimismo, sobre todo por parte de Carlos, convencido de que el tiempo iba a aguantar (como así fue). No tardamos en llegar a los ibones Azules, las miradas hacia nuestra espalda nos van enseñando ya las amenazantes nubes y el cielo negro que se va formando por la zona del Perdido y del Vignemale. Subimos a buen ritmo hasta las tres cimas de los Picos del Infierno, bajamos por la cara SE del segundo Infierno y llegamos a la pedregosa cubeta de los ibones de Pondiellos. En esta ocasión la subida al Arnales la dejamos de lado, el tiempo va a peor y nuestro objetivo es ya sólo llegar al Garmo Negro, terminar nuestro pequeño asunto "pendiente". Gotas de lluvia y niebla aparecen justo en el collado de Pondiellos, al comenzar el ascenso a la Aguja, una breve mirada entre nosotros es suficiente para saber que a pesar de este pequeño contratiempo seguiremos hacia arriba. Ultimos metros antes de llegar a la Aguja y nos encontramos de bruces con un bello y solitario sarrio. Descendemos la brecha y subimos hacia el Garmo Negro envueltos por jirones de niebla lo que le da un especial ambiente a esta subida. Hoy, sorprendentemente una cima solitaria (la verdad es que en ninguna de las numerosas veces que hemos subido, recordamos la cima del Garmo sin gente, ni tampoco nos la encontraremos en la bajada). La casualidad o el destino nos ha permitido disfrutar  de estos instantes de silencio, soledad y recuerdo aquí arriba.


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3 comentarios:

Monrasin dijo...

Alucino con el sarrio. Claro...como es de vuestro equipo. Yo no logro tenerlos a menos de 200 m y salen pitando.
Ah, y yo en el Garmo, el 10 de agosto, estuve una hora en la cima más solo que la una!!!

Manumar dijo...

El sarrio estaba tan sorprendido como nosotros, y con ganas de largarse, pero no lo tenía fácil ya que estaba justo en la brecha entre la Aguja y el comienzo de la subida al Garmo. Si conoces la zona sabrás que aquello está bastante empinado, así que optó por encaramarse hasta la misma cima de la Aguja y lanzarse hacia el otro lado...."pa haberse matao"

Anónimo dijo...

Habeis pasado una preciosa y emotiva jornada. Felicidades por ello y por finalizar aquello que comenzasteis. Muy bonito, si señor.
Mariote