martes, 12 de julio de 2011

BOCA DEL INFIERNO 2011. UNA DE COSTUMBRES.

Que el hombre es un animal de costumbres, es algo bien conocido. Si además las costumbres son buenas y placenteras, todavía mejor. La carrera de Boca del Infierno en Echo se ha convertido en eso, en una costumbre placentera, que además marca el inicio en el cambio de "mentalidad" a la posición de verano con su significado más lúdico y festivo. Es lo que tienen estas fechas, así que siempre que se ha podido, esta carrera ha servido como excusa perfecta para pasar un largo fin de semana en la zona, concretamente en el camping de La Borda de Bisaltico, lugar ideal para estar unos días asilvestrados, pero con todas las comodidades.



Hay que destacar y agradecer también a la organización, la  labor de acercar el tema de las carreras a lo más jovenes, ya que el sábado por la mañana se ha tomado la costumbre de realizar una serie de carreras en el pueblo de Echo, para que las generaciones más pequeñas vayan aficionándose a este deporte.



No sólo el hombre es de costumbres, como he dicho antes, sino que también lo es la climatología por estas fechas y zonas, así que como casi todos los años, la víspera de la carrera, cayó una buena tormenta, no muy larga, pero sí abundante y sonora. Lo justo para que el recorrido de la carrera, adquiriera el domingo por la mañana ese punto de humedad y tornara, el hasta entonces seco bosque, en una verdadero "autoclave" en donde la sensación de humedad y agobio pasaron factura a más de uno, entre los que me incluyo.

El valle de Echo desde el camping. La humedad del ambiente ya es visible.






























El recorrido no deja de sorprender, por muchas veces que se haga. Conforme nos adentramos en la carrera, van apareciendo en mi cabeza imágenes de otros años, corredores que en esta ocasión no han venido, pero que hace un instante los has visto imaginariamente delante de ti, en posición de subida, apretando riñones (Mizz, no sé si leerás esto y no sé porqué, pero te vi en carrera, subiendo con esa envidiable zancada estos primeros repechos). Cuidado con estos primeros kilómetros, en donde la humedad del bosque te envuelve sin darte cuenta, y en un instante noto que estoy empapado, chorreando sudor, esto no ha hecho más que empezar y sé que no es ninguna buena señal. El terreno está húmedo y a pesar de extremar los cuidados en las cortas pero técnicas bajadas, el tobillo derecho lanza un primer crujido, corto, sin dolor, pero que no estaba previsto que ocurriera y que me coge totalmente desprevenido.





La Selva de Oza y el río, que todavía nos muestra las secuelas de la tormenta.




































La Boca del Infierno, también está en el bosque, impresionan estos tramos en donde la frondosidad no deja pasar la luz del sol, ni tampoco salir la humedad del suelo, del aire. Subir, bajar, un segundo resbalón, un segundo crujido en el mismo tobillo, que no por ser segundo deja de sorprenderme de nuevo. No hay dolor agudo, pero sí molestias aunque puedo seguir corriendo, pero no puede haber una tercera torcedura. Al ser Copa de Aragón, en esta carrera uno no se puede retirar, así que habrá que extremar el cuidado en las bajadas.

En la calzada romana, va a pasar lo que tiene que pasar, que como he dicho, para eso somos animales de costumbres, ¿no?. A pesar de conocerlo, de haber ido bebiendo en todos los avituallamientos, de haber comido, de los dos geles que ya había usado, la sensación de agotamiento ha ido apoderándose, las bajadas son ya torpes y el pie se queja ya claramente. En el avituallamiento de Sta. Elena las piernas dicen que no, que un año más me va a tocar sufrir al final.

En el último avituallamiento me alcanzan y adelantan un grupo de corredores entre los que se encuentra Carlos Calvo, veterano y a la postre vencedor, ¡qué envidia de energía! Por lo menos intentaré que no haya mucha diferencia de tiempo con ellos, y es que  quien no se consuela es porque no quiere.  Me acuerdo entonces de aquel primer año que corrí Boca (2007) y donde hablé por primera vez con el que es ahora mi amigo, Victoriano, que me adelantó precisamente en estos últimos kilómetros y me enseñó en cómo coger su rueda y seguir corriendo, apesar de ir yo fundido y con el gancho.

Qué curiosos y sorprendentes pensamientos, aunque sigamos siendo animales de costumbres.



El amigo, Victoriano, tercer Veterano en la carrera de hoy.





































6 comentarios:

Miguel Angel dijo...

Manu, es una gozada leer tus crónicas.
Mezcla de montañero-poeta.
Describes fenomenalmente lo que se siente en esta carrera, que tiene tramos preciosos, de bosque de cuento.

Manumar dijo...

Gracias amigo-compañero-montañero-sufridor.

karlos dijo...

Yo también estuve, y es un placer leer tu crónica...fantastico
saludos

Manumar dijo...

Lo mismo karlos, en la próxima a ver si nos saludamos y ya nos conocemos.

carmar dijo...

Montañero, trial runner, trasmisor de sentimientos, compartidor de experiencias, compañero, brother.
Enhorabuena y cuida el tobillo.

MANOLI CXM dijo...

Chula, al año que viene voy a ir adquiriendo el hábito y con ello la costumbre, es que no se puede estar en la procesión y repicando.

Me la apunto para el año que viene.
Cuida tu tobillo, es que vas a unas velocidades que se sufre irremediablemente.
Bueno, será eso que no hay éxito sin sacrificio...