Casi tres años han pasado desde la última vez que pude correr la Canfranc-Canfranc (en el 2008 y en el 2009). A pesar de los deseos de repetirla durante este tiempo, su continua coincidencia de fechas con alguna que otra carrera que pertenecía a la Copa, Campeonato o similar, de Aragón, me obligaba a olvidarla, muy a mi pesar, para su siguiente edición. Cuando este año se cambió la fecha de junio y se trasladó al 8 de septiembre, terminada ya Copas y Recopas, una alegría interior surgió y poco costó tomar la decisión de apuntarme.
Canfranc-Canfranc, no es una carrera cualquiera, no es sólo una carrera de 43 km, no sólo son los 3.500 m de D+. Es también el cómo está distribuido ese itinerario, no hay lugar a mucho respiro y uno ha de llevar unos cuantos kilómetros de montaña en las piernas para salir con dignidad de ella. Por supuesto que el haberla hecho con anterioridad te da una ventaja, la de saber que hay que tomarla con cierta humildad y respeto, que hay que dosificarse muy bien durante todo "el viaje" y que aún así, los últimos kilómetros se harán duros, sorprendentemente duros.
La villa de Canfranc se vuelca con los corredores, de manera discreta, sin parafernalias multitudinarias ni circenses, pero con máxima eficiencia y ambiente muy familiar. Por todo ello, la Canfranc-Canfranc, es para su distancia, "La carrera".
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Primeras luces sobre La Raca 2.284 m, segunda cima por la que pasa la carrera. |
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La última bajada, el Collado de Estiviellas desde Canfranc, (con el zoom, porque está más alto de lo que parece, exactamente 1.000 m más arriba) |
Subir desde Canfranc-Estación (1.090 m) hasta La Moleta (2.575 m), ya te pone nada más de empezar con 1.500 m de D+ en las piernas tras apenas 6 km, que sirven para romper el grupo e ir formando "pequeñas compañías" de ritmos similares. Es la parte más técnica de la carrera y en cuyo descenso hay que andar con prudencia, con suerte y con tranquilidad. En mi caso, la compañía durante este primer tramo fue con Javi (alias "Sherpa"), de Villanúa, conocedor también de la carrera y lo más importante, de este tramo del descenso en el que en años anteriores yo había tenido algún despiste con la señalización. "Charrando y charrando" llegamos al avituallamiento de Coll de Ladrones donde perdemos unos minutos para comer algo, beber y hacer una pequeña parada técnica. Continuamos juntos hasta comenzar las primeras rampas que nos han de llevar a lo alto de La Raca (2.284 m). En lo más interior de cada uno, tenemos guardado nuestro verdadero objetivo en cada carrera, para Javi era rebajar sus tiempos anteriores y acercarse a las 7h 30 min. El mío, era recortarlo algo más y acercarme a las 6h 30 min, así que poco a poco, los ritmos nos van separando y con un ...."nos veremos con una cerveza en Canfranc", nos despedimos y cada cual continúa en solitario con su camino.
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Primer control, La Moleta (2.575 m) |
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Incansable Ramón, gracias por tus fenomenales fotos!! |
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Descendiendo hacia el Coll de Ladrones con Javi "Sherpa". |
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En plena subida a La Raca. |
Alcanzo el avituallamiento de Somport, a las 12:15, algo más tarde de lo que había previsto, optimismo excesivo tal vez. Queda ahora la parte menos agradable, la menos bonita, la que te coge en esa hora punta donde el sol, si lo hay, te pega en la voluntad con fuerza. Se nota que hoy, apesar de hacer calor, la temperatura nos respeta (no como en el 2009 donde sufrimos aquí de lo lindo). No queda otra que subir las duras y ásperas pistas del Tobazo. Restos de algún bastón roto durante esta última temporada de esquí dan una nota de color al gris que queda bajo nuestros ojos. Pegados al suelo, intentando mantener un ritmo constante, es cuando se empieza a notar la fatiga. Llegados al alto del Tobazo (1.982 m), queda huir de Candanchú, descender y acercarnos a la otra joya de la carrera, el ibón (casi siempre seco) de Tortiellas, precioso rincón, sorprendentemente verde en este día que nos dejará en el último repecho que hay que salvar hasta alcanzar el collado de Estiviellas (2.049 m). Sólo nos queda subir esos 350 m de desnivel, pocos si los comparamos con los que llevamos ya encima, pero duros por eso mismo y porque son realmente empinados.